María, el Nazareno y el regreso a casa

Por Jacobo Nitsch

Las calles de la zona 1 se llenan de cientos de personas que esperan el paso de Jesús de las Tres Potencias y la Mater Dolorosa en su regreso a la Parroquia de la zona 6.

No son calles cercanas a la Catedral ni al Centro Cívico, tampoco al sector más conocido del centro histórico.

Son calles que marcan el límite entre la zona 1 y la zona 6; calles que en los días comunes pueden parecer solitarias y oscuras, pero que hoy están llenas de luz, de ventas de comida, de familias reunidas para ver pasar al Nazareno.


Para mí, este día y esta procesión tienen un significado muy especial. Mi abuelita Carmen y mi tío Enrique me hablaban de lo particular que era este Jesús: un Jesús del pueblo, cargado en sus inicios por personas humildes, pero también por otras con recursos, que coincidían cada Lunes Santo en devoción.

Hoy, esta procesión me devolvió a mi infancia y juventud. No solo porque alguna vez cargué y toqué música en muchas procesiones, sino porque hace apenas una semana falleció inesperadamente mi hermana mayor, María.

La ausencia de mis padres, y ahora la de ella, me lleva inevitablemente a la memoria, a la reflexión, y a buscar nuevamente esos momentos que, en nuestra familia, hacían especial la Semana Santa. Y sin duda, la música era uno de los ejes centrales.


Mi papá, de origen evangélico, encontraba en las procesiones un espacio para hacer música, cuando no existían bandas abiertas para jóvenes o adultos fuera del ámbito militar o escolar.

Él disfrutaba profundamente esos momentos. Las bandas de entonces se nutrían de músicos destacados de las bandas militares y de la Sinfónica Nacional, pero también de estudiantes y exalumnos de colegios católicos que tenían formación musical, como fue mi caso, en el glorioso Colegio San Sebastián.

Durante toda la Semana Santa, desde el Sábado de Ramos hasta el Sábado de Gloria, participé con la banda marcial, alternando con las bandas oficiales de los cortejos, haciendo alfombras, tocando “El Silencio” del Viernes Santo o cantando con el coro.

Siempre me acompañaban mi madre, Pilar, mi hermana mayor, María, y Lucía, la menor. Era increíble cómo la música nos unía también con mi papá, que aunque no era católico, conocía a fondo las marchas y las disfrutaba, a veces incluso más que los músicos profesionales.


Hoy, al tener la oportunidad de cargar a Jesús de la Parroquia, en una avenida con tanta historia —no solo para la ciudad, sino para mí—, sentí que todo cobraba un nuevo sentido. Aunque ya lo había hecho antes, esta vez fue diferente.


Hubo momentos en que mi mente se quedó en blanco, y sentí que conectaba con algo profundamente humano, pero también con algo espiritual; algo que no controlo, que trasciende mi entendimiento y que se hacía presente en cada compás, en cada nota, mientras avanzábamos al ritmo marcado por el hermano encargado de guiar el anda.


Éramos 120 personas caminando al mismo paso, con la fe de que ninguno soltaría la carga. Cada turno es una prueba de fe, no solo en Jesús, sino también en los hermanos que, hombro con hombro, impiden que el anda caiga.


Y quizás, esa sea una hermosa metáfora de lo que podríamos hacer como guatemaltecos por nuestro país… pero eso lo contaré en otra entrada.


Al finalizar el turno, encontré a la persona que hizo posible que pudiera cargar. Le di un abrazo entre lágrimas, agradeciendo no solo el pésame, sino también su presencia y su abrazo.

Más tarde, me dio alegría reencontrarme con varias personas que no veía desde hace mucho, incluyendo a cuatro músicos que fueron mis estudiantes en la Universidad Da Vinci y en la Universidad del Valle, y al primer trompeta de la Sinfónica Nacional, Sergio Tzick.


No pude contener las lágrimas. Lágrimas por los que ya no están, pero también por lo que permanece: la fe, la música, la memoria.


En cada redoble del timbal, en cada acento de platos de bombo, en los hermosos cantos y contrapuntos de los tenores, siento que seguimos caminando juntos, aunque no estemos todos presentes.


Esta Semana Santa no fue solo una conmemoración: fue una manera de volver a casa.